martes, 17 de marzo de 2009

La propuesta de los comunistas para enfrentar la crisis


La propuesta de los comunistas para enfrentar la crisis.





Entrevista.
En el hotel Castelar de Buenos Aires, en una rueda de prensa, Patricio Echegaray, titular del Partido Comunista de la Argentina presentó una propuesta para enfrentar la grave crisis del capitalismo y su impacto en nuestro país, también lo hizo sobre el gobierno, la escalada de la derecha y las posibilidades de construcción de la izquierda. En esta nota responde extensamente a Nuestra Propuesta sobre las razones de ese documento.


-Vemos que desde el 24º Congreso, se insiste en la cuestión de la crisis del capitalismo, sus fases o etapas…
-Nuestro Partido viene haciendo un seguimiento preocupado del tema de la crisis global. Es correcto que la crisis se viene dando por etapas, habría que incorporar el concepto de velocidad de desarrollo. Desde setiembre de 2008 se marca un salto de calidad en la recesión en EE.UU. con el estallido de la burbuja inmobiliaria, que en realidad es el estallido del sistema financiero que llevó la recesión desde EE.UU. al conjunto del planeta. Sin embargo, casi sin solución de continuidad, se fue transitando hacia la depresión, que ya en 2009 es admitida prácticamente de manera universal, se admite recesión en EE.UU, en Japón, en Europa, es decir, se admite que de la recesión se pasa a la depresión global. Y hay un entrecruzamiento de derrumbes tanto financieros como productivos, caen bancos, empresas, en un clima intelectual de pesimismo e impotencia en el más alto nivel de las élites dirigentes del capitalismo mundial, que empiezan a hablar de colapso generalizado del sistema.

Tanto George Soros como Paul Volker en la conferencia en la Universidad de Columbia dan un salto en cuanto a los niveles de preocupación sobre la recesión en EE UU. Y dicen que la crisis ha transcurrido con una enorme velocidad, de crisis financiera a económica y de recesiva a depresiva y ambos anuncian allí un fenómeno de desintegración, atribuyéndole un carácter muy superior a la del 29, en la que se aplicaron medidas keynesianas y de intervención estatal. Esta intervención masiva del Estado como salvador del capitalismo, que presentan desprejuiciadamente los consejeros, la más audaz y enérgica del Estado, sin embargo, está resultando absolutamente impotente para superar la crisis en los países centrales. Vuelcan avalanchas de dinero, para salvar bancos o empresas trasnacionales y no logran frenar el desastre y posiblemente están creando próximas burbujas que alimenten ulteriores desarrollos de la crisis.

En fin, no es una crisis solo financiera o económica, sino también alimentaria, climática, ecológica, militar, de modelo tecnológico, una crisis global de la sociedad burguesa, de carácter civilizatorio como tantas veces lo hemos dicho. Si se hubiera pensado hace un año o menos, en la estatización del City Bank o el Hsbc nos hubieran sugerido algún instituto siquiátrico. Cuando se habla de desintegración, se está comparando con los fenómenos de desarticulación de la Urss y el sistema del Este europeo. Y Volker y Soros son señores autorizados para opinar de algo que conocen muy bien, que es el capitalismo.

En general existe el consenso extendido respecto a que el deterioro y finalmente el colapso de la Urss es atribuido en buena medida al papel de una burocracia que enajenó el proceso de manos de los trabajadores y fue castrando sus potencialidades socialistas y lo fue desviando en una dirección que hizo posible el fin de la Revolución de Octubre y la reinstauración del capitalismo.

El elemento común entre la crisis socialista y la crisis capitalista no es la burocracia, no porque no exista burocracia en el capitalismo, sino porque no tiene la hegemonía en el manejo del sistema. Lo que sí ocurre en el capitalismo es que se han desarrollado formas de parasitismo y en eso sí hay similitud con la burocracia en el socialismo, posiblemente en eso están pensando estos personajes. El capitalismo, en el período del auge neoliberal, fue perdiendo su musculatura productiva, que era una característica principal desde su nacimiento, y fue adquiriendo formas parasitarias que le han quitado capacidad de reproducirse. Este es un dato trascendente porque con el triunfo a escala global en la Guerra fría, el capitalismo quedó convertido en amo y señor del planeta, por primera vez en la historia de la civilización humana, un único sistema económico-social tenía hegemonía en el mundo, aun los imperios más extendidos, el romano o el de Felipe II abarcan una parte del mundo, como el imperio inglés o el norteamericano después de la Segunda Guerra. Con el fin de la Guerra fría, el triunfo capitalista, la contrarrevolución neoliberal o conservadora y la desarticulación de la Urss es que por primera vez este sistema capitalista constituye, bajo el poder de EE.UU., una hegemonía de carácter mundial en sentido estricto y sin rival a la vista, situación que plantea dejar que el capitalismo exprese la cima de la civilización humana. Y así fue. El capitalismo ejerció sin límite sus tendencias, una, a la concentración y, otra, a la pauperización de las masas, como había dicho Marx. El capitalismo neoliberal en su carrera desbocada tiene tendencias parasitarias gigantescas que prácticamente aplastan su capacidad productiva.

-Hablemos de la crisis en Argentina, del discurso presidencial, del desacople y de las dificultades…

-Sí. Da la impresión de que el discurso del desacople ha sido abandonado y ahora hay un discurso correcto sobre la extrema gravedad de la crisis, las múltiples dificultades que va a sufrir Argentina y la necesidad de un plan para enfrentarla. Las medidas llamadas anticíclicas, apuntadas a mantener niveles de actividad económica, de consumo y producción, más allá de lo bien intencionadas que estén, son completamente inconsistentes o insuficientes para enfrentar la situación. Hemos definido en nuestro congreso una línea sobre una base de cuatro ejes para enfrentar desde una perspectiva de carácter popular la crisis y evitar que se convierta en un flagelo para los sectores populares.

Esas cuatro líneas de acción son: conseguir que el proceso de integración esté enfilado a madurar rápidamente los acuerdos que hay en el área latinoamericana, lograr una integración económica mucho mayor, en que los proyectos que están en danza se concreten y se pongan en práctica, con un área económica común, acrecentando sustancialmente el comercio entre nuestros países. Otra cuestión es que hay que estimular el área de economía popular, las pymes con crédito accesible, ya que son las principales productoras de empleo en Argentina. También un apoyo muy fuerte a todo tipo de actividad cooperativa de producción, de servicio, de crédito, industrial, agraria, comercial. Un impulso a las fábricas recuperadas y a todo tipo de economías populares. Desde ya se requiere fortalecer las áreas sociales del presupuesto, salud, educación, tienen que ser fuertemente incrementadas. Hay que lanzar rápidamente un plan de vivienda y de obra pública. Pero la línea fundamental de distribución tiene que ser la potenciación de los salarios y las jubilaciones, que van directamente a fortificar el mercado interno. La burguesía argentina sigue pensando que el salario es inflacionario y cree que la manera de defenderse ante la crisis es estrangulando el salario y las jubilaciones y achicando el empleo. Pensamos que tiene que haber una política diametralmente opuesta a la de tacañería salarial y de concesiones al tema del salario en virtud de mantener el empleo. Hay que llegar al acuerdo de prohibición de despidos y de aumento de salarios, para fortalecer el mercado interno y el consumo. Todo esto junto con una política de recuperación de la renta en manos del patrimonio nacional privatizado y la defensa de las reservas naturales como camino para enfrentar la crisis.

Pero esto demanda un debate muy profundo sobre el proyecto de país. Si éste sigue siendo a grandes trazos un proyecto de tercera vía y pretende repetir el achicamiento relativo, pero importante, de desocupación, indigencia y pobreza, producto de la sustitución de importaciones y de la bonanza económica que ya terminó, la tendencia será negativa y volverán cifras espeluznantes en todos estos rubros. Esto requiere absoluta claridad en dos planos. Uno, que la derecha está articulada o articulándose con los sectores enriquecidos del «campo» para fomentar, defender y consagrar el proyecto de la Argentina agroexportadora y, para peor, sojera, con peligro de una degradación al monocultivo y, por sus características, a una degradación del medio ambiente y a una contaminación como se está comprobando ahora en la cuenca del río Uruguay, donde lo de Botnia queda disminuido al lado de la terrible contaminación que significa el glifosato que se vuelca a las aguas del río Uruguay. Si uno contabiliza que eso está pasando con todas las cuencas acuíferas, tanto de superficie como de profundidad, el modelo que se propone es absolutamente peligroso.

Propiciamos un debate donde aparezcan estos temas y se fortalezca la voluntad y la fuerza política para saltar las barreras neoliberales que constituyen el programa de tercera vía. El programa de tercera vía es neoliberal, un tanto light, pero es una conciliación con el neoliberalismo, tratando de suavizar algunas de sus aristas más salvajes, aunque absolutamente ineficaz para resolver lo problemas. Un nuevo proyecto de país tiene como eje el cambio cualitativo en la distribución de la riqueza para construir otra realidad, saltar las vallas de la tercera vía, de poderes económicos, de construcciones culturales que obstruyen y agobian la inteligencia y la voluntad de distintos sectores de nuestra sociedad, fuerzas motrices de este nuevo proyecto. Hay que volcar la copa de la riqueza que en Argentina es mucha y eso, efectivamente, es difícil, pero no existe otro camino para resolver los gravísimos problemas que tenemos, de indigencia y marginación.

-En estos días se habla mucho de problemas de seguridad…

-Y si se habla de seguridad, volcar riqueza a la sociedad es la única forma de resolver estratégicamente ese problema. No hay mano dura, no hay cambios en códigos penales, no hay policía que pueda resolverlo. Solo se resuelve con equidad social y eso significa volcar riqueza. Analfabetismo, desnutrición, vivienda, el brutal atraso que tenemos en las instalaciones sanitarias requieren volcar riqueza. No se puede seguir concentrando riqueza en sectores privilegiados, unos, porque son trasnacionales y, otros, culturalmente trasnacionalizados que terminan llevándose la riqueza afuera. Hay que cambiar, no hay soluciones mágicas.

Las ideas de pago de deuda externa suenan incoherentes. Se están escuchando opiniones que apuntan a revisar o enmendar afirmaciones anteriores a que la crisis estuviera abiertamente declarada.

En el momento en que arrecia la crisis, la deuda social se hace más grande y peligrosa y esa es la deuda que hay que jerarquizar, esa es la deuda que hay que empezar a pagar.

Todo proceso que apunte a distribuir la riqueza es objetivamente democratizador y todos los procesos de concentración o injusta distribución están dentro de lo que se llama democracia restringida o neoliberal, que fortalece los deterioros institucionales, el accionar de las fuerzas destituyentes y que mella la voluntad de los sectores populares para defender los espacios democráticos. Por lo tanto, se podría decir que la distribución es un enfoque popular del abordaje de la crisis, un factor que favorece los espacios democráticos reales degradados, porque la derecha se ha mostrado, no sólo como una derecha de carácter económico, sino como una derecha política.

-Acá cabe la pregunta de lo que hay que hacer en Argentina, cómo hacerlo, cómo se alinean las fuerzas políticas y sociales…

-Es obvio, pero conviene señalarlo, ninguna cosa buena harán los sectores de derecha que se están preparando para alcanzar el gobierno, sus intenciones son exactamente opuestas. Los sectores de centro y centroizquierda que se agrupan alrededor del gobierno muestran limitaciones importantes, en las que se expresa su propia naturaleza, las características heredadas de la ex burguesía nacional, falta de energía, un discurso que en algunos momentos alcanza lucidez para el diagnóstico, para líneas generales de solución del problema, pero que entre sus características históricas, que se han degradado en el tiempo, como la falta de consistencia, de voluntad política para enfrentar factores opuestos, enemigos a estos cambios profundos, estructurales que es necesario realizar en el país, un fuerte temor a la derecha y, naturalmente, la falta de una fuerza política que los apoye.

Lo que podría garantizar ser la llave de un proceso de cambio, es que realmente empiece a existir en la Argentina una fuerza nueva, producto de una convergencia plural, que supere la balcanización en la que se encuentran los sectores de izquierda, antimperialistas, que pueda confrontar enérgicamente con la derecha y, alternativamente, apoyar, empujar, alentar a esta fuerza de centro de la ex burguesía nacional, que actúa fundamentalmente desde el gobierno, en algunas circunstancias, y, en otras, oponerse y frenar su tendencia a ceder ante el enemigo.

Como se ve un papel fundamental de esta fuerza de la izquierda, preparándose para una confrontación a la que se está marchando, creo que todos tenemos que tener en claro que estamos marchando a una confrontación donde la derecha viene por el poder, viene no para resolver las debilidades de este gobierno sobre las que cabalgan, sino para retrotraer todo a la situación del 90 y más atrás si fuera posible, confrontación que se puede dar en acciones desestabilizadoras como las que ya se vivieron alrededor de la 125 o en una confrontación electoral en 2011, donde se percibe una primera vuelta donde la derecha va a ordenar su fuerza y una segunda vuelta donde todos juntos, el ala peronista de la derecha, el ala radical, el ala socialista, van a confluir para producir ese retroceso. En esas condiciones la izquierda tendría que tener una fuerza tal capaz de jugar un papel importante en la primera vuelta y en la segunda vuelta tener claramente una alianza con los sectores de la actual expresión de la otrora llamada burguesía nacional y poder confrontar y vencer a la derecha. Creemos que eso es lo que se puede avizorar.

Mientras la izquierda está balcanizada, se podría decir que hay tres grandes islotes, el que está con el gobierno, el que estaba con el gobierno y ha pasado a jugar en contra del gobierno de manera sistemática y coincidiendo muchas veces con la derecha. Y otro islote autónomo. Si se pudiera habría que reunir eso, en un plazo más o menos breve. Pero para hacerlo hay que superar el deterioro de la izquierda, la potenciación de los egos, lo que dificulta la confluencia, y sobre todo superar factores político-culturales negativos del neoliberalismo, que han inficionado a la izquierda, entre otros, una forma de hacer política subsumida en los parámetros burgueses de oposición-oficialismo, que se ha visto que es tenebroso, porque ha llevado a sectores que tienen una trayectoria a coincidir lisa y llanamente con la derecha en función de estar contra el gobierno sin mayores consideraciones.

Otro elemento es que se desjerarquizan los debates programáticos y de proyecto de país, lo que lleva a un electoralismo extremo, cuando se cae de maduro que ningún acuerdo electoral progresista debiera hacerse sin un debate previo para coincidir en un programa popular para enfrentar la crisis. Ese sería un requisito mínimo que no se está cumpliendo, como base o plataforma de un acuerdo electoral. Cualquiera que mire esto desde afuera, diría que hay una crisis del pensamiento y la acción de las izquierdas en este país. Creemos que efectivamente la hay, y hay que aportar para tratar de superar este problema.

-¿Cómo podríamos aportar?

-Aportar, hoy, es producir un debate acerca de la crisis mundial del capitalismo, que recupere el manejo marxista de la contradicción, vea las contradicciones que existen en la burguesía argentina entre un sector absolutamente trasnacionalizado o vinculado a la gran concentración que trata de organizar a una nueva derecha política y apunta a usar a las capas medias como base social, y otro sector que es una versión deteriorada de la ex burguesía nacional, pero que ha protagonizado sucesos como la lucha contra el Alca, se ha vinculado al proceso anti-Uribe, ha realizado un importantísimo acercamiento con el modelo venezolano, acaba de normalizar y potenciar las relaciones con Cuba, ha actuado para cambiar la correlación de fuerza en la OEA y promover otro tipo de integración latinoamericana, que se ha animado a ciertos gestos en relación a los derechos humanos y que tiene un discurso de distribución, aunque no la energía ni la voluntad política para cumplir con él.

Evidentemente esto no puede ser caracterizado de continuidad con el menemismo, de continuidad con De la Rúa. Tenemos que caracterizarlo como es, un sector contradictorio con el que en muchas cosas podemos y debemos estar juntos, en otras obligatoriamente debemos saber que vamos a tener que debatir y confrontarlos, pero sobre todo, tenemos que tener claro que la izquierda no puede mirar la pelea entre estos sectores de la burguesía y de la burguesía aliada con el imperialismo como si fuera un match deportivo, tenemos que adquirir capacidad de incidencia y eso significa actuar con nuestros medios y voluntad para generar esa fuerza plural que tiene que conformarse en base a un proceso unitario de confluencia. En eso estamos y se ve que no es fácil.

-¿Cuál es la posibilidad de que América Latina logre constituirse como región para afrontar la crisis, o si esta crisis puede tener tal magnitud que vaya en desmedro de los procesos innovadores que se están dando en América Latina?

-En Latinoamérica se están viviendo momentos extraordinarios, multifacéticos, desde nacionalización de recursos naturales, recuperación de empresas como ha ocurrido en Bolivia, en Venezuela y en Argentina, (Aerolíneas), acuerdos binacionales como el de Argentina y Chile para fortalecerse en el tema de la soberanía sobre la Antártida, tratando de poner obstáculos a los apetitos ingleses y de EE.UU. en relación a nuestras reservas de minerales y petróleo. La búsqueda de ensambles comerciales que se ha verificado en el viaje de la presidenta a Cuba, y sobre todo a Venezuela, donde hay ya un grado de impacto en términos económicos. Los enfoques comunes que empiezan a darse en relación a políticas combinadas de no pago de deuda, las conversaciones de los últimos años respecto al Unasur, al Alba, que ahora se ha constituido como un ámbito político, cultural sumamente importante.

América Latina ha sido por años el patio trasero de EE.UU. En la época del auge neoliberal, no sólo ha sido sometida al arbitrio estadounidense, sino que se dio la infeliz e indigna situación de aparecer nuevamente bajo el arbitrio de una segunda oleada del imperio español en el continente latinoamericano. La región ha sido asolada por el neoliberalismo que la convirtió en el territorio más desigual, no el continente más atrasado del planeta, sí el más injusto, el más desigual, más que Asia o que Africa. El neoliberalismo duplicó la cantidad de pobres en el continente.

Al mismo tiempo, América Latina, asediada por el neoliberalismo, ha escrito una epopeya de resistencia que ha sido multifacética, heroica y exitosa. No se doblegó, resistió, recordemos la primera rebelión de Santiago del Estero contra Juárez, el Santiagazo, un hito de la resistencia latinoamericana, hace ya muchos años. No olvidemos el Caracazo, cerca de la caída de la Urss, donde empieza la desarticulación de uno de los sistemas políticos bipartidistas más acreditados del continente, que habían tomado en sus manos la implantación del modelo neoliberal. Por supuesto no olvidamos el novedoso movimiento de los sin tierra, no sólo de los de Brasil, un poderoso movimiento como la Guerra del agua en Bolivia. Es decir, que América Latina ha resistido y desde sus características aportó a la lucha antineoliberal con movimientos nuevos y muy originales como los de resistencia de los pueblos originarios, de las poblaciones afroamericanas, los movimientos organizados de desocupados. Al mismo tiempo, es un territorio donde la ley de desarrollo desigual del capitalismo ha actuado con una fuerza inusitada. América Latina ya tuvo a principios de siglo una potencia mundial entre sus países, que fue Argentina, y hoy tiene otra potencia mundial que es Brasil, y otra gran fuerza económica que es México y, de alguna manera, Argentina que no deja de tener cierta importancia.

Nuestro continente ha aportado alguna resistencia de movimientos muy diversos, entre los cuales podemos incorporar el respeto de los derechos de la diversidad de género y diversidad sexual y la clase obrera latinoamericana, no en su mejor momento por el impacto al que la sometió el neoliberalismo, que ha seguido luchando, sectores militares, confesionales, con todo tipo de formas de lucha. Se dan formas de lucha institucional, electoral, de lucha política de masas, y aun espacios de lucha armada. Conclusión, en Latinoamérica se obtuvieron victorias sobre el neoliberalismo, derrotas, incluso bastante resonantes de modelos neoliberales.

Lo sabemos porque el menemismo, sus personajes y su continuidad, la Alianza, De la Rúa y Cavallo, Chacho Alvarez y demás, actuaban como consejeros en distintas crisis mundiales. Sin embargo, ese proceso fue globalmente derrotado y se abrieron experiencias posneoliberales con distintos grados de profundidad. América Latina dejó de ser el patio trasero y el lugar de la segunda invasión española y europea y se convirtió en un lugar propio en el mundo. Se abrió paso con mucha naturalidad lo que en realidad es un proceso mucho más largo, porque viene desde la Revolución Cubana, y hoy nadie niega que su inspiración tiene que ver con la Revolución Cubana, con su inmenso prestigio, que ha sabido influir a un continente gigantesco que se orienta por caminos que tratan de ser antineoliberales, que en el marco de la crisis se empieza a hablar de anticapitalismo y que, en algunos casos, hasta hablan de socialismo.

Esta es la realidad latinoamericana y nosotros que somos marxistas y partidarios de la lucha de clases tenemos que ser conscientes de que la derecha mundial y las derechas nativas que han sufrido golpes muy importantes en la región, no van a permanecer indiferentes frente a esto, no se van a entregar sin luchar.

Desde el momento en que se lanzó la lucha contra la 125 en Argentina en coincidencia con la lucha antisecesión en Bolivia, en que la derecha fascista de la Media Luna trató de dividir el país y derrocar a Evo Morales, estamos viendo un proceso de contraofensiva de las derechas. Esto hay que entenderlo bien, tratan de volver a la ofensiva después de haber recibido golpes muy importantes, uno de los últimos, el triunfo de Chávez en el plebiscito hace pocos días, la celebración del 50º aniversario de la Revolución Cubana; probablemente reciban otros como puede ser el triunfo del Farabundo Martí en El Salvador, lo que es posible, aunque no está asegurado porque sabemos de la perversidad de la derecha salvadoreña, de sus socios de la derecha centroamericana y del profundo entrelazamiento que tienen con la derecha de EE.UU. Pero también es verdad que el Farabundo Martí ha acumulado muchas condiciones y es una posibilidad que está dentro de cálculos políticos sensatos. Se recuperó Nicaragua, eso tiene un valor gigantesco porque no es fácil volver después de una gran derrota. Hay un gobierno nuevo en Guatemala y ese gobierno, habría que analizarlo mejor, tiene algunos aspectos de política internacional positivos y ha habido algunos gestos insólitos por parte del gobierno hondureño. El gobierno mexicano del PAN, de Calderón, se va a ver afectado de manera brutal por la manera en que la crisis va a golpear a México y esto puede ser una nueva oportunidad para el PRD. Hay procesos en el Caribe, sin hablar de Cuba y Venezuela. También en Colombia están despuntando algunas perspectivas de opacar la estrella tan peligrosa de Uribe.

Es un dato central para corporizar la idea de un mundo multipolar, no sólo porque América Latina se constituye en un polo, sino porque alienta a que otros polos actúen y se desarrollen. No se podría soñar la salida al mundo exterior que ha hecho China, sin pensar en la nueva situación latinoamericana, no se podrían ver acciones tan audaces de Rusia como fue hacer una maniobra militar en el Caribe, lo que señala el final de un mundo unipolar, si no existiera esta situación en Nuestra América.

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